Corona de Talaia

Ubicada en las costas orientales de Vivántia, a los pies de la frontera de Serramorta con los nomorti, esta potencia naval y comercial se ha forjado a través de la historia como la de un pueblo resiliente ante todo tipo de adversidades. Se enfrentó a la casi extinción debido a guerras con sus vecinos, pero el manejo de la diplomacia y la capacidad de atraer aliados garantizó su supervivencia y expansión en lo que hoy se conoce como la Corona de Talaia. Su sociedad rechaza el feudalismo rígido, organizándose bajo un sistema híbrido de confianza popular donde los cargos de condes, duques, alcaldes y lloctinents se revalidan mediante votaciones ciudadanas cada cinco años. La autoridad suprema reside colectivamente en el Consejo de Talaia, una asamblea de 135 representantes reunidos bajo un trono vacío que simboliza la ausencia de la monarca legítima, Lirio, la emperatriz y esposa de Íramo, que murió durante la cruzada de los cien años. Su liderazgo se debate actualmente entre corrientes políticas que van desde la reunificación imperial, el anhelo de una soberanía e independencia total hasta el asalto definitivo contra los nomorti más allá de Serramorta o la colonización de nuevas tierras más allá del mundo conocido para escapar de la jaula en la que se ha convertido Vivántia. Entre sus filas militares cuentan con el cuerpo de los cien Diplomáticos, jinetes de élite que montan halcones gigantes conocidos como Falcó, con poder absoluto para sellar pactos en el acto que sobrepasan la autoridad del consejo. Talaia actúa como el pilar diplomático de Vivántia al mantener una alianza vital con el Reino de Valoros, contratar los servicios de los mercenarios de Basken y colaborar estrechamente con las Cortes Sabasi, mientras resiste la incesante amenaza de la Foscor en el norte, la hostilidad de los Arenai de Raduna en la frontera de la Cicatriu y las incursiones Yargandaix.




